jueves, 21 de agosto de 2008

Los adoquines de Praga I


Este verano, y por primera vez en un par de años, he tenido unas vacaciones en condiciones. La verdad es que reservé mi vuelo un tanto a ciegas, sin saber muy bien cuándo tendría vacaciones.

La cosa empezó hace poco más de cinco meses cuando, aún sin tener nada claro y por eso de perder un poco de tiempo en el curro, una amiga y yo, vía conversación telefónica, nos pusimos de acuerdo para reservar un vuelo a Praga en agosto.

Nos pillamos un vuelo más o menos económico. Por poco más de 300 euros volamos desde Alicante, haciendo escala en Frankfurt, a Praga. Si no viajas al Reino Unido, los vuelos, desde Alicante o Murcia, no resultan tan baratos. ¡No sé de dónde leches se saca la gente los trayectos por menos de 50 euros! ¿Publicidad engañosa? Es un tema que me da para otro largo ‘post’.

En fin, de Air Berlin a Czech Airlines pasando primero por Frankfurt y por el puto detector de metales de esta ciudad germana y que, al parecer, es muy sensible porque casi tenemos que dejarles el sujetador. En fin, todo sea por la seguridad aérea. Lo peor de todos los trasbordos es tener que sacar la tarjeta de embarque en ambas escalas, salir y volver a entrar. Menos mal que estos aeropuertos son relativamente pequeños (a la vuelta: Praga - Dusserdolf-Alicante), aunque eso sí, las maletas fueron directas a su destino en ambos viajes. La mía llegó casi a pedazos.¡Pobretica! Desde aquí, hago un llamamiento al personal que se encarga del mantenimiento de maletas en los aeropuertos. ¡¡¡Un poquito de cuidado, joder, que parece que os pagan una comisión los fabricantes de Samsonite!!!

Nos plantamos en Praga el 16 de agosto, sobre las 21,00 horas. El trayecto del aeropuerto a la ciudad nos costó poco más de 600 coronas, unos 35 euros más o menos. Según el tráfico, se tarda cerca de media hora. Por suerte, la peña allí controla el inglés así que no es complicado entenderse con la gente, aunque tu taxista parezca tener más años que Matusalén.

Después de instalarnos en nuestro hotelillo, que también reservamos por internet, el Athenea Palace (cerca de la entrada del metro Karlovo náměstí, y del famoso edificio Ginger and Fred), nos dispusimos a patearnos un poco la ciudad en busca de su famosa cerveza.
Creo que fue la única noche que no lloviznó. Durante el día, y la semana que estuvimos en esta increíble ciudad, hizo calor pero por la noche siempre terminaba lloviendo. Una lluvia fina, casi imperceptible pero que te cala hasta los huesos sin que apenas te des cuenta.

La primera noche, terminamos en un pub subterráneo donde el superéxito del Reggeton “Le gusta la gasolina” (o algo por el estilo) sonó con gran estruendo. ¡Otra cerveza, por favor, que me quite el mal sabor de boca (y oído)!
Salimos medio piripis de la Pilsner Urquell, la cerveza típica por excelencia, y de aquel escándalo musical. Después de pasar una semana en Praga y de frecuentar tabernas e infinidad de cervecerías, tampoco es que tengan gran variedad de cervezas… (es mi opinión personal, vamos). Está la Pilsner, la Gambrinus, la Kozel…, ésta última, a mi gusto, es especialmente buena.

Con la borrachera en ciernes, de camino al hotel y en mitad de un escaparate de bolsos plastiqueros, un tipo descarado me echó mano al culo. Desde el ‘noctambus’ de París (el autobús más intespectivo de la ciudad) no había visto semejante atrevimiento.

Dicen que Praga se ve en dos días, probablemente sea cierto pero si de verdad te interesa conocer la ciudad, llegar hasta los rincones que escapan a las guías, sólo te queda deambular de día y también de noche, perderte, preguntar… porque la ciudad, ya de por sí mágica, cambia de manera sobrenatural al caer el sol y comenzar la lluvia, además, es cuando salen los ‘bichos raros’.
La única pena es que, en las fechas que fuimos, plena temporada de ‘turisteo’, las calles, sobre todo las más emblemáticas, están llenas de peña. Orientales, muchos europeos (sobre todo italianos) y, por supuesto, mucho joven mochilero… ¡Qué tiempos aquéllos en París y en Ámsterdam…!

Es raro alejarte unos cuantos metros y no escuchar un acento conocido: gallegos, de Castilla León…, catalanes…, de Andalucía… ¡De verdad que estamos en todas partes y no comos los chinorris!!!

Durante los primeros días conseguimos levantarnos medianamente temprano. Teniendo en cuenta que el desayuno estaba incluido en el precio del alojamiento, intentamos ahorrar y ya de paso tomarnos el típico desayuno checo. Demasiada salchicha, texturas un tanto a ‘foi-gras’, salsas espesísimas… embutidos grasientos… Definitivamente, yo con un café y una tostada me apaño. En las comidas y en los horarios es donde más se nota el choque cultural pero de todas formas había que probar… ¡buahhhggg! ¡Eso sí, la gente allí…, muy maja!

Desayunamos, nos acicalamos y salimos el primer día, con los tobillos todavía intactos, a comernos la ciudad. Que si fotos en el Ginger and Fred, el edificio que semeja una pareja bailando, de ahí el nombre…, ‘la Perla de Praga’, como dice el vinilo de la puerta; las primeras vistas al Moldava… y los famosos puentes que lo atraviesan…, las torres de la Catedral de San Vito dominando el puente Carlos y el Castillo, la pequeña Torre Eiffel a lo lejos, la isla de Kampa donde empezó a forjarse la leyenda del muro grafitero de Jonh Lennon…

Justo antes de aventurarse en el Gran Puente, delante de la estatua del monarca, hay varias tiendas de souvenirs. Llama la atención una tienda de marionetas, uno de los regalos clásicos de esta ciudad. De fondo, música flamenca, y si se enteran de que eres español te presentan, en un perfecto castellano, las marionetas de Don Quijote y de Sancho. Son bastante caras, pero puedes conseguir fotos interesantes y muy originales.

Para llegar aquí, desde nuestro hotelillo, y una vez 'requetepateado' el trayecto del río Moldava, nos pillábamos el tranvía. El número 18. Un transporte que, por cierto, en esta ciudad parece que es gratis!!! A unos pocos metros del puente que conduce a Malá Strana, otro barrio turístico situado a los pies del Castillo, está la calle Siroká, una de las columnas vertebrales de Praga. Por esta calle vamos al antiguo Barrio Judío donde podemos ver todas las sinagogas de la ciudad: Maisel, la Pinkas, la Vieja Sinagoga..., el Antiguo Cementerio judío… ( Kafka está enterrado en el Nuevo). Merece la pena ver la Sinagoga Española, sin duda, por su decoración morisca, es la más bonita de todas. En las sinagogas no se puede hacer fotos y en el Viejo Cementerio es necesario sacar un permiso especial para hacerlas. Justo al salir, otro montón de puestos de souvenirs. Imanes, Golems en miniatura… y un sinfín de regalos que sacian el auténtico espíritu consumista-turístico.

No es que en la actualidad vivan muchos judíos por la zona pero sí que podemos encontrar una buena oferta de ocio en estas calles. ¿Herencia del ‘poderío económico que se amasaba aquí…? Además de las tiendas de ropa más chic (Channel, Louis Vuitton…, etc.), también está el Café Kafka, el Club Roxy, el Bombay (el bareto de moda de este verano) o el fantástico Tretter´s bar…
Bueno, aquí, mejor ir por partes. El Café Kafka no debe su nombre a que el escritor pasara tus tardes en dicho local inventando personajes o soñando con cucarachas gigantes… En realidad, sólo es un café, bonito, eso sí, que ha tomado el nombre del escritor. En cuanto al Roxy, llegamos de casualidad el sábado 16 de agosto. Borrachas para variar y después de discutir el precio de la entrada con el portero (las entradas en los clubes de Praga, por muy cutres que sean, no incluyen consumición y a partir de qué horas, el precio de las bebidas sube), terminamos en este ‘templo del techno’ con el que al final tuvimos un altercado con una estúpida camarera. Aquí, en el Roxy mi amiga coincidió con el cuñado de su hermana que iba con dos amigos más que se alojaban en un albergue cercano.¡El mundo, que es muuuuy pequeño!

Sin duda, mención especial merece el Tretter´s bar. Para aquellos a los que no les guste la cerveza, que tengan el estómago un poco harto de tanta Pilsner o simplemente quieran disfrutar de un ambiente más glamuroso, está este local. Es un bar donde los protagonistas, además de los cócteles, son los barmans, ¡igualitos que Tom Cruise en Coktail! En verano, cuesta pillar mesa, siempre está todo reservado pero si pasas por aquí, mejor búscate un hueco en la barra. Da gusto ver cómo preparan los combinados ¡Además, hay un guapetón con perilla y pinta muy seria que da mucho morbo! Los cócteles están muy elaborados, con todas las ‘pijerías’ del mundo y tienes una gran variedad donde elegir!! No resultan demasiado caros ¿Punto débil? La música, porque parece el anuncio de un disco de música de los ochenta (de los años 80’). Suele cerrar a las 2…, 3 de la mañana, según el día de la semana. Luego, si preguntas a la camarera dónde seguir la fiesta, puede que te mande al Bombay, que también está cerca. Pero en éste hay demasiados ‘niños’ y, de nuevo, ‘la Gasolina’ de fondo…

Cerca del Puente Carlos, junto al río, está el Karlovy Lázne. Se supone, que es la discoteca más grande de centroeuropa (y donde iba Eva Herzigova poco después de ponerse el wonderbra a bailar). El club tiene cinco pisos y para entrar tienes que pasar por un tipo con un aparato que detecta ‘metales’ y te registra el bolso. En la puerta, ya te explican gráficamente que está prohibido entrar con pistolas, granadas y demás armas. Por supuesto, la entrada no incluye consumición. No me acuerdo del precio. El club cierra a las 5 de la mañana y en uno de los pisos, puedes ver una especie de Cristo, como el que hay al bajar del Puerto de la Cadena, en plan ‘cibernético’. Allí, casi todo son reservados, a excepción de unos ‘zulos’ que simulan pistas de baile, y el look a lo Ken de Barbie entre los tíos está muy de moda. Como seas moreno, estés algo bronceado, y ya si eres tía…, se te echan (casi literalmente) encima. Muuuchos ‘guiris’ en este antro y unas ganas de `pillar’ fuera de lo normal.
A esta discoteca fuimos con unos chavalines que conocimos en la puerta. Mi amiga y yo no sabíamos muy bien dónde ir. Un brasileño, un sevillano y un cordobés nos ‘empujaron’ al club de la Herzigova. Más Pilsner, algún cubatilla con algún ron extraño y mucho maromo metiéndote la pierna. Exágerao… El primero en ‘pillar’ fue el sevillano. Empezó una conversación con una austriaca que, al parecer, estaba en su mismo albergue.¡Cómo le enroscaba la pierna la tía! Joe, ni Indiana Jones se hubiera escapado!!! Y como la amiga de la colegui no iba a ser menos, pronto se lanzó a los brazos de un chavalote con pinta de plástico… ¡Éste bien que le metía mano a las tetas! Mientras, el brasileño le daba clase al cordobés de samba… Fotos por aquí, que si ligue por allá, que si de dónde eres... etc, etc...

martes, 29 de julio de 2008

'Darse un tiempo'

Ayer habla por teléfono con una amiga. Me comentó que se había dado un tiempo, ‘un descanso’ con el novio. ‘No, no hemos cortado pero ahí estamos, cada uno por su lado’- me dijo-. Desde fuera, pensando lo más objetivamente que puedo, me suena a cuento chino. Es obvio que últimamente no están lo bien que deberían, pero claro, mi amiga sólo me cuenta las cosas que no terminan de cuajarle, que son muchas. Lo bueno, yo no lo sé. Para estar así con una persona, habrá más cosas positivas que negativas, digo yo, porque si no, joder, menuda manera de amargarse la vida. En fin, yo es que ya no entiendo nada. He de reconocer que, a veces, cuando me cuenta sus historias, desconecto, me da pereza meterme en los rollos de la gente. Es que veo una solución tan fácil… Supongo que la mía es una opinión demasiado objetiva (o subjetiva, según se mire y que yo le doy a todo una solución un tanto drástica…).

Pude entender que el berrinche de mi amiga vino de unas cuantas semanas atrás, cuando el novio y sus amigos se fueron de despedida de soltero a un idílico pueblo andalúz. Al parecer, los chiquillos se fueron a un puticlub donde el novio se folló a una puta ¿Es a lo que se va, no? Al resto, incluido el novio de mi amiga, les metieron mano, les clavaron con las copas… y a saber qué cosas depravadas e inconfesables se dejaron hacer por las putis... Mi más sentida admiración por este colectivo, por cierto.

El problema es que mi amiga no supo de esta historia hasta el fin de semana pasado… Imagino el diálogo con el novio: ‘¿y tú, no te tiraste a nadie? ¿Por qué no me dijiste que fuisteis a un puticlub?’ Supongo que este tipo de situaciones terminan por minar una relación. ¿Falta de comunicación? ¿Miedo o desconfianza a la hora de dar explicaciones cuando en realidad no hay nada que contar? ¿Y cómo entender que tu pareja ha estado en un ‘paraíso sexual’ donde la gente va expresamente a follar y no te dice nada? ¿Pero es que hay que contarlo todo?- pregunto. No sé ¿Y si realmente no pasó nada físico? ¿Por qué ‘preocupar’ a la otra persona si no ocurrió ‘nada’? Y si pasó, ¿acaso uno no puede permitirse un desliz? ¿Supone esto el punto y final de una relación estable? Supongo que es complicado y que ya depende de cada uno y de la situación (para terminar poniendo o no ‘los cuernos’). Supongo que nos gusta calentarnos la cabeza a las personas. Si no, no lo entiendo.

Además de ir a un puticlub, los chavales también estuvieron hasta las tantas en una discoteca. Otro lugar muy común para ‘caer’, sobre todo si llevas unas copas de más y estás de fiesta sin la novia, rodeado de un montón de colegas (de despedida de soltero) y viendo ‘carne fresca’, con escotes y minifaldas de infarto insinuándose a cada instante ¿Quién puede hacer frente a semejante tentación? Creo que vuelve a depender de la persona, de la situación, así que es mejor no poner la mano en el fuego por nadie, ni decir en voz alta que ‘tu novio jamás iría a un puticlub, o se enrollaría con otra’, porque si las personas nos caracterizamos por algo es porque somos impredecibles (y porque la carne es débil, claro). De hecho, uno de los colegas se enrolló con una chavala en la discoteca (otra ’puta’, para el colectivo de novias despechadas), porque eso sí, el chiquillo tenía su novia formal hasta que ésta, le pilló un sms y se dio cuenta de la clase de pareja que tenía (además de liarse con otra tía, le dejó el número de móvil). Al final volverán, porque la ‘rutina del amor’ puede más, por mucho que uno/a se llene la boca diciendo que jamás perdonaría unos cuernos. Seguro que en los días posteriores a la ‘pillada’ la ‘ex - novia’ pensó, en la última vez que se fue de fiesta con las amigas (quizá en una despedida de soltera), en el macizo que se le insinuó y que, con mucho esfuerzo, rechazó, pensado en la carita de su novio. ¿Cómo iba a hacerle algo así? Él jamás lo haría… ¿Es para sentirse gilipollas, no? En fin…

A todos nos gustaría tener la certeza de que nuestras parejas nos son fieles, que jamás se fijarán en otras personas. Seamos un poco realistas. Nos gusta sentirnos únicos, especiales, insustituibles… ¿Pero no será que también nos gusta ser deseados por otras personas? La vida da muchas vueltas y nunca se sabe lo que puede pasar, ¡y que la carne es muy débil, leches! ¿Que es mejor no saber ciertas cosas del novio/a? Probablemente. Mientras, merece la pena disfrutar de cada momento, con la pareja o sin ella. La vida es corta… Demasiado corta.

sábado, 19 de julio de 2008

Esperar nada



Pasan los días y lo que creí que era un cambio en mi personalidad, que parecía un poco más abierta a la gente, más sociable, no es más que una ilusión. Hoy más que nunca tengo ganas de desaparecer, de romper con todos los vínculos que me atan: amistades, familia, conocidos... Puro egoísmo por mi parte, sí, tal vez, aunque, por otro lado, pienso que tampoco tengo la culpa de sentirme como me siento y que mis emociones, como las de cualquier otra persona, no son porque sí. ¡Cómo me gustaría dominarlas!

La sensación de ‘no encajar’ en ningún lugar me ha acompañado desde siempre, acentuándose en determinadas fechas, épocas…, situaciones. No termino de encontrar mi ‘camino’, si es que alguna vez puse mis pies sobre él. Tampoco me siento capaz de explicar a las personas más cercanas cómo me siento. Cada uno tiene lo suyo, para qué gastar energías hablando sobre algo tan ambiguo.

Siempre me ha dado ‘pereza’ abrirme a los demás. Prefiero ser yo la que haga las preguntas, la que ‘domine’ la situación, la que se mantiene distante por no mostrar cualquier atisbo de vulnerabilidad.

Quizá sea algo genético y que por muchos esfuerzos que haga por cambiar, mi naturaleza me lo impide. Que la culpa sea de mi ADN ya no me parece una idea tan descabellada.

Y si mañana me siento igual, todavía tengo este ‘ciber hueco’ para desahogarme un poco.

domingo, 29 de junio de 2008

Tiempo de no tiempo


Llevo un par de semanas, quizá más, sin escribir nada en el blog, apenas he encontrado tiempo para sentarme en mi sillón roto y encender el ordenador. Al menos hemos empezado ya la jornada intensiva y, se supone, que llegaré a casa antes. No sé si entonces tendré ya mas tiempo.

Hace un mes que adopté a un bebé gatuno. Perdido en mitad de un jardín inmenso, el bicho lloriqueaba buscando a su madre. ¿Abandonado? ¿Perdido? ¿Víctima del Destino? El caso es que me costó pillarlo. El canijo era bien escurridizo y, aunque pequeño, el muy salvaje tenía una garras y dientes de aupa (mis brazos y manos todavía guardan las cicatrices de aquel momento).

Pensé, que como todavía era muy pequeño (me fue imposible descifrar su sexo), tenía que llevarlo a casa, cuidarlo, mimarlo. Una que siente debilidad por los gatos. ¿Ahh, he dicho ya que era muy pequeño? ¡¡Y qué mono era!! Sí, me enamoré.

Cuando se lo enseñé a mi madre le dije que no se preocupara, que cuando creciera un poco se lo encasquetaría a mi abuela, que le vendría bien un gato en la casa de la huerta, sobre todo ahora, cuando los bichos trepadores hacen alarde de intrusismo en su casa. ¿Acaso existe un insecticida más ecológico que un gato? Además no son animales de molestar, ni tampoco suelen mearse en la casa…
Supongo que en el fondo, ambas sabíamos que ‘el bebé’ se quedaría con nostras mucho más tiempo.
Ya ha crecido algo, ahora ya se sube a la cama de un salto y su sexo ha empezado a cobrar forma. Sí, es un ‘machote’. Un gatito precioso. Impertinente, maleducado, curioso, aventurero, juguetón pero, sobre todo, sorprendente. Al principio teníamos miedo por los demás bichos de la casa, a ver cómo lo aceptaban pero ‘el canijo’ ha sabido ganarse el afecto de todos. Ha hecho buenas migas con Ulises, que era el que más me preocupaba. No para de ir detrás de él (y mira que al ‘viejo’ no le hacía ni puta gracia el renacuajo, se le bufaba cada vez que se le acercaba y ahora, hasta deja que el ‘bebé’ le busque las tetillas para mamar… ¡Qué gracioso!

Últimamente, había optado por ‘recluirme’ en casa. A excepción de algún concierto que otro, de contadas escapadas al centro para tomar unas copas en plan tranqui o de ir de compras con una amiga, mis relaciones sociales se limitaban al trabajo, al diálogo con algún vecino en el ascensor y al satélite digital. Lo reconozco, estoy enganchada a algunas series. No soy persona si no tengo cerca un mando a distancia (y sin un montón de canales que pasar mil veces).

El periódico El País ha empezado a “regalar” una colección de música chill out. Cuando me enteré sentí que tenía que coleccionarla, total, por un euro más… Además, el periódico me sale gratis. Mientras escribo esto, estoy escuchando la primera entrega. Sí, creo que me irá bien este tipo de música. Necesito evadirme, relajarme… desconectar… como el fin de semana pasado.

Fue algo precipitado, pero qué leches, así salen las mejores cosas así que me fui, con un par de amigas, a Mojácar. Otra vez.

Creo que era la cuarta vez que iba por allá. El pueblo, igual de blanco que siempre sigue tan bonito como recordaba. Eso sí, repoblado por 17 generaciones de gatos desde la última vez que merodeé por sus empinadas calles. Son tan, pero que tan chulos… Me encantan.

Como el Moresco andaba de reformas nos pillamos un apartahotel en el Pueblo Indalo, a unos 5-7 km del ‘peñón blanco’. Estábamos en lo más alto, en la calle El Mirador. Entre paredes blancas, brillantes bajo un cielo azul impresionante. Y el mar… siempre el mar de fondo, con cientos de destellos color plata. Bonito escenario para enamorarse. Qué pena que no surgiera la chispa.

Mojitos a piñón en la terraza del Loro Azul, una exhibición un tanto precipitada de caopoeira y unos ligues procedentes de ‘La ciudad de los Juguetes’. Repito, qué pena que no surgiera la chispa.

‘Estás como ausente’ me comenta uno de los chicos de la Ciudad de los Juguetes. ‘Yo es que soy ausente’, le contesto sin ganas de darle pie para que continúe con su cuestionario. Supongo que le parezco ‘interesante’. No es mi intención parecer nada. Al final el tipo me cae simpático. A excepción de uno que se las daba de Brad Pitt, de ‘ Tom Cruisease’ como dice el ‘brasileño’ de la capoeira, todo el grupo me caen bien, parecen majos, incluso él mismo, ‘el brasileiro’, ‘mujeriego y charlatán como todos los negros de exótica procedencia’ (según mi amiga, la de la presencia y que, después de lo visto, creo que no se equivoca). Alcohol, diálogos surrealistas y un ruso de 18 años que se une al grupo (es amigo del brasileño) y que nos cuenta cómo triunfar y ganar pasta sin necesidad de hacer una carrera, que su meta consiste en empezar de ‘matón’ para luego ir ‘subiendo’ y ‘abarcar más’… Dice que va a llamar a ‘unos que conoce’ para que nos lleve no se dónde… Me acojona un poco, pero estoy borracha.

Sí, pasamos un buen finde. De madrugada mi madre tiene un traspié y hay que llevarla a Urgencias. Después de pasar toda la mañana en el Hospital, de las correrías de mi progenitora a horas intespectivas, el traumatólogo nos dice que cómo viene ‘andando’, que tiene una vértebra rota y que se podía haber quedado parapléjica.

‘¿Pero entonces ya no se va a quedar en silla de ruedas?’ Pregunto. El médico asiente, ‘si ya no le ha pasado, no creo que la fractura vaya a peor, pero hay que operar y luego es preciso ponerle un corsé ortopédico que tendrá que llevar, por lo menos, durante seis meses. Todavía no me puedo creer que pueda andar. Su madre tiene una tolerancia al dolor inaudita”. ‘¿Qué le voy a decir a usted?’ pienso para mis adentros. De refilón, no puedo apartar la vista del otro médico. Jamás había visto a un tío tan guapo. Podría haber surgido la chispa entonces. Supongo que no era el momento. Mi madre, su vértebra rota, el dolor mudo, el traumatólogo hablándome de la operación y mi facha espantosa. ¡Joder, menuda pinta que llevaba! Quiero llorar. No es justo, yo suelo estar más buena… pero es que aquella ropa no me hacía justicia. El traumatólogo sigue hablando y por un momento me siento mal por pensar sólo en mí. Levanto la cabeza y descubro a unos impresionantes ojos azules mirándome. ¡Pero qué guapo es! Me sonríe, como si fuera capaz de leer mis pensamientos (¡qué vergüenza!), giro la cabeza e intento mirar a otro lado. Se levanta, pasa justo delante de mí. Puedo olerle (y él a mí). Se vuelve a girar, me mira (a tan sólo 5 cm de distancia) y yo, más estúpida que nunca, aparto la mirada… Mi querido Dr. Córdoba, si tu supieras…

Ya, de vuelta a casa, soy consciente del poco tiempo que me queda para mí. Mi madre y su ‘corsé mágico’, que apenas le deja movilidad; mi hermano y su eterna fascinación por la Muerte…

Hoy más que nunca me gustaría escapar. Pero no, no puedo. No tengo tiempo.

sábado, 14 de junio de 2008

La presencia II

Hace una semana hablé con mi amiga, la de la presencia, y me comentó que ya había contactado con la “bruja”. Estuvieron más de una hora de charla (unos cuarenta pavos, más o menos). Además de vaticinarle un futuro próspero, la adivinadora también le explicó el ritual que debía de hacer para librarse de tan efímera inquilina, que al final resultó ser una mujer.

Al parecer, según la bruja, mi amiga tiene el “don” de atraer a los muertos que perdieron la vida de forma trágica (y que aún no saben qué tienen que hacer para “cruzar al otro lado”). Menudo tema para Íker!!! La adivinadora dice que la difunta murió de asfixia, que tal vez podría haberse ahogado en la bañera.

La presencia en cuestión resultó que nada tenía que ver con el novio y que, seguramente, mi amiga la había “recogido” en una visita al hospital o en algún sepelio. Un lugar habitual donde la muerte parece convivir con los vivos (si es que mi colegui tiene un sexapeal especial que hace que hasta los muertos levanten cabeza).

Pero claro, a mi colegui no le hace ni puta gracia la historia así que, bajo recomendación de la bruja, se aprovisionó de un montón de velas, aceites e inciensos (que la susodicha también vende en su tienda esotérica), para hacer el ritual y poder así acelerar la marcha de la presencia.

Tenía que esperar a la luna menguante, y que cayera en martes o sábado, para empezar a montar todo el tinglado: una vela negra para “absorber todo lo negativo del piso” , incienso a raudales y no sé cuántas velas blancas para “purificar” el ambiente por lo que tenía que dejar abiertos todos los armarios y cajones de la casa. Mientras dejaba los cirios prendiendo, tenía que marcharse de su casa durante un par de horas, dejando así cierta ‘intimidad’ al espíritu para que se marchara.

PENSÉ QUE, si realmente tiene un sexto sentido para atraer a los ‘no vivos’ a su casa, quién no le asegura que mañana mismo no hay otro espíritu viviendo con ella así que…, qué sentido tiene el ritual… Pero bueno, tampoco quise decirle nada, no era plan. Se la veía tan feliz librándose del espíritu…

No he vuelto a ver a mi amiga, últimamente andamos muy desconectadas así que no sé si habrá realizado el ritual. En cualquier caso, espero que su ‘marmórea inquilina’ no le guarde ningún rencor por querer deshacerse de ella.

viernes, 30 de mayo de 2008

La presencia

El sábado pasado quedé para tomar el aperitivo con un par de amigas. Al final sólo apareció una y entre cañas me confesó que en su casa tenía ‘una presencia que le robaba la energía al novio’. Yo, que a estas cosas les tengo mucho respeto, no pude evitar soltar alguna carcajada que otra. Pero no porque no me creyera la historia sino porque imaginé a mi amiga (la que no puede entrar al Museo de la Tortura porque dice que luego no duerme, la que se caga pata abajo viendo ‘Entre fantasmas’, la que se niega a acompañarme al Circo de los Horrores porque tiene pesadillas… ejem), sola, en su casa, sin poder dormir, pendiente del más mínimo ruido (qué cabrona que soy!!).
Mi colegui me dice que una ‘bruja’ de confianza le echó las cartas a su madre. Al parecer, la susodicha suele ‘acertar’ en sus ‘visiones’. Pues eso, que la mami, entre carta y carta, aprovecha y pregunta por las hijas (que si futuro, profesión, nietos…etc., vamos, lo típico). Al parecer, según la “bruja”, en el piso de mi amiga además del novio y ella ‘vive’ otro inquilino. Para más intríngulis, resulta que, la presencia, es un familiar del novio que ‘ha traído’ mi colegui y que ‘le está robando energía al pobre chaval’ (si es que el chiquillo lleva unas semanas regularcillo, está como apagado). Mira que la historia va a ser verdad…
Ahora, mi amiga está preocupada porque teme que el fantasma se presente formalmente. Como ya sabe que ella lo sabe… quién sabe!!!, lo mismo le aparecen mensajes en el espejo del cuarto de baño, como en las películas o aparece sentado/a (‘la bruja’ no le supo decir si era hombre o mujer), en una esquina de la cama. ¡Dios, qué pasmo!
Pero bueno, yo le he dicho que no se preocupe que si sólo le quita la energía al otro pues mira, a lo mejor es que le hizo algo al espíritu y por eso se ha medio encabronado con él. En fin, que tome una dosis extra de ginseng o guaraná y ya está.
Estuvimos llamando a ‘la bruja’ pero nada, no dio señales de vida. Tampoco he vuelto a saber de mi amiga, no sé si habrá ido personalmente a que le tire las cartas aunque le dije que yo me iba con ella, una que también tiene curiosidad y quién sabe, lo mismo hay una presencia interesante viviendo en mi casa...

domingo, 18 de mayo de 2008

Días extraños II

Llueve, llueve mucho y eso que el windguru no suele fallar, y que decía que la cosa iba a estar tranquila por estos lares. Desenrosco mi botella de absenta y me preparo para pasar una tarde tranquila, en casa, yo sola. La lluvia golpea con fuerza mi ventana. En frente de mí, con la persiana abierta de par en par, la terraza de mi vecina me recuerda a una película de David Linch. Roja y brillante por el roce del agua me transporta a un mundo casi de ciencia ficción. No sé por qué pero me imagino convertida en un ser minúsculo, perdido en mitad de una alfombra enorme de tereciopelo. El cielo también hace ruido y los árboles de mi pequeño jardín, apuntan sus hojas hacia arriba, esperando quizá, una recompensa, en forma de gota cristalina.
Mi licor de más de 60 grados y yo, yo y la lluvia…, la lluvia y mis pensamientos 80% impuros. Debería salir y permanecer durante, al menos, cinco minutos bajo el agua. Quizá así todo se me pase: la borrachera y la impureza de mis pensamientos. La lluvia es cada vez más fina y el rojo de la terraza de mi vecina brilla igual que mi copa. Pongo un CD de apariencia virgen. No sé qué música lleva, no recuerdo cuándo lo grabé y tampoco hay nada escrito que me de una pista. Suena y yo empiezo a recordar… Últimamente no tengo ganas de ‘contactar’ con otros seres humanos. Mi tiempo, mi vida y mis relaciones con otras personas se limitan a un puro formalismo laboral. Acabo de ver una araña. Podría aplastarla, estrujarla contra el cristal con uno de los cientos de papeles que rodean mi escritorio pero no me siento capaz. Además, el bicho tampoco me ha hecho nada. El alcohol me afecta, mi espirituoso espíritu ha perdido algo de chispa y un poco el norte. Me cuesta encontrarle sentido a las cosas. No sé si sufro de astenia primaveral pero no tengo ganas ni de quedar con mis amigos, tampoco sé hasta qué punto me echan de menos (si lo hacen). Creo que voy a sali a tomar algo de aire fresco.